200 años fundación Maristas

Este año, 2017, se celebran los doscientos años de la fundación de la primera comunidad Marista en Francia, hecho que tuvo lugar el 2 de enero de 1817. Por tal motivo, quiero dedicar estas breves líneas a manera de homenaje a esta congregación por su gran labor realizada a lo largo de estos dos siglos y que en nuestra ciudad la vienen llevando a cabo desde 1961.

Sus inicios se encuentran muy estrechamente ligados a la Revolución Francesa; esta trajo consigo importantes cambios políticos, sociales y económicos que supusieron el final del Antiguo Régimen y el inicio de la Edad Contemporánea; en ella se recogieron las principales ideas emanadas de los pensadores y filósofos de la Ilustración y se iniciaron los primeros pasos en pos de que todos alcanzáramos nuestros derechos y deberes. Pero, también, significó un importante cambio desde el punto de vista religioso, ya que los efectos revolucionarios provocaron importantes transformaciones en aquella sociedad del siglo XVIII, como el relacionado con la prohibición de todo lo concerniente a la religión y moral cristiana; hasta el punto que la razón y la república se convirtieron en los únicos símbolos religiosos aceptados por el Estado francés y, por ende, las medidas emanadas fueron encaminadas, principalmente, a desmantelar la Iglesia francesa. Los acontecimientos que tuvieron lugar en Francia en esos momentos, en relación, a la Iglesia católica, los podemos sintetizar en los siguientes:

  • El 24 de agosto de 1789: supresión de los diezmos.
  • El 2 de noviembre de 1789: nacionalización de los bienes del clero y su conversión en bienes nacionales para su posterior venta en beneficio del Estado.
  • El 13 de febrero de 1790: abolición de los votos religiosos, lo que llevaba consigo la supresión de las órdenes regulares.
  • El 18 de agosto de 1791: supresión de las congregaciones seculares.

 

La muerte del papa, Pío VI, en prisión, en 1799, tras el apresamiento que sufrió por las tropas francesas en Roma, provocó un cambio radical en la política religiosa llevada a cavo por Napoleón Bonaparte, quien en 1801 firmaba un concordato con la Iglesia Católica, restableciendo la convivencia entre ésta y el Estado francés. Entre los acuerdos adoptados destacamos el restablecimiento de las órdenes religiosas, con finalidad educativa y misional; se encuentra aquí, el importante desarrollo que a lo largo del siglo XIX tuvo Francia en relación con la labor misionera, tanto en África como en Asia, principalmente.

En consecuencia, si la Revolución francesa propició la desaparición de muchas congregaciones religiosas, al mismo tiempo, posibilitó el que surgieran otras, con renovados mensajes evangélicos, con una clara vocación educativa y con el deseo de enseñar e inculcar a los jóvenes los valores tradicionales, así como el amor a la Virgen María. Entre estas órdenes destacó la fundada por Marcelino Champagnat, nacido el mismo año en el que se iniciaba la revolución, en 20 de mayo de 1789, en Rosey (Marlhes) quien, tras ser ordenado sacerdote, en 1816, desempeñó su labor como párroco en la parroquia de La Valla. Y fue allí, el 2 de enero de 1817, en una pequeña casita alquilada al señor Bonnair donde, en compañía de dos jóvenes, Juan María Granjón y Juan Bautista Audras, organizaron la primera comunidad, origen de la Congregación de Hermanos Maristas. La nueva fundación, surgió, según se recoge en sus Estatutos como un “Instituto religioso laical o Instituto religioso de hermanos, con el nombre de Hermanitos de María. Él lo concebía como una rama de la Sociedad de María”.

Desde un principio la nueva fundación nació con una clara intención educativa, pues a San Marcelino le preocupaba en gran manera el que los jóvenes tuviesen una buena preparación tanto en la fe como para la vida. Por ello no es de extrañar que una de sus primeras actuaciones fuese encaminada en esta dirección: en noviembre de 1818 abría, en La Valla, la primera escuela marista, contratando a un maestro que completase la formación de los primeros hermanos y dedicada a la educación de los niños; su intención queda claramente de manifiesto en una carta que en 1834 enviaba al rey francés, Luis Felipe, refiriéndose a la urgente necesidad de fundar una comunidad dirigida a la educación de los niños en la zona en la que él ejercía su ministerio sacerdotal de La Valla; le hacía ver, no sin cierta vehemencia, la urgencia en “la fundación de una asociación que diese a los niños de los pueblos la excelente educación que los hermanos de las Escuelas Cristianas daban a los niños de las ciudades”. Se iniciaba aquí un lento pero inexorable proceso fundacional por toda Francia y por el mundo entero que no paró tras la muerte de San Marcelino, acontecida el 6 de junio de 1840, sino que se consolidó y mejoró aún más la Obra establecida y organizada por el fundador. En este proceso, no obstante, tenemos que incidir en un hecho de gran trascendencia para el desarrollo posterior del Instituto Marista, relacionado con la unión que se produjo con otras congregaciones. La primera de estas fue aprobada en 1842, con los hermanos de Saint-Paul-Trois-Chateaux; y, poco más tarde, en 1844, se unían a los hermanos de la Instrucción Cristiana de Viviers.

            Los siguientes pasos fueron encaminados a que tanto el gobierno francés como el Vaticano, aprobasen esta fundación, hecho que encontró no pocas dificultades. Frente a lo que podría pensarse fue el gobierno francés quien la aprobó en primer lugar, por decreto de 20 de junio de 1851, y bajo la denominación de “Pequeños Hermanos de María”, con sede en Nuestra Señora del Hermitage, en Saint Chamond (Loira). Más tiempo tardó la Santa Sede en dar su aprobación, ya que hubo que esperar hasta 1903 para que se hiciesen efectivas unas gestiones que se iniciaron allá por el año 1858, siendo Papa Pío IX. Éstas dieron como resultado inicial la aprobación, en 1863, de sus Constituciones, bajo este mismo papado; ese mismo año tenía lugar la celebración del primer Capítulo de la Orden, precisamente con el fin de estudiar las Constituciones propuestas por Roma, aunque hasta 1869 no fueron aprobadas. A partir de aquí se produjeron toda una amplia gama de parones en este proceso hasta su definitiva aprobación por el Papa León XIII, el 30 de abril de 1903; más tarde serían confirmadas, por Pío XII, las modificaciones y adiciones realizadas a instancias del Capítulo General, por decreto de 4 de abril de 1922.

 

Bibliografía

MEJÍA ASENSIO, Ángel. Cincuenta años de presencia marista en Guadalajara (1961-2011), 2011.

FURET. Juan Bautista. Marcelino Champagnat. Fundador. Traducción a cargo del hermano José Díez Villacorta. Edición del Bicentenario, 1989.

PUEBLA CENTENO, Luis. Cien Años de Presencia Marista en Toledo, Toledo, 2003.

MERINO RAMOS, Segundo (Hermano Juan María). Personalidad de Marcelino. Algunos rasgos. En Cuadernos Champagnat, nº 4, . Zaragoza, 1989.

Constituciones y Estatutos de los HH. Maristas de 1986, con las modificaciones introducidas los Capítulos Generales de 1993, 2001 y 2009.

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