En recuerdo de una gran dama: doña María Diega, Condesa de la Vega del Pozo.

Hoy se cumplen cien años de la muerte de una de las mujeres más queridas de la ciudad de Guadalajara, doña María Diega Desmassieres y Sevillano,­ Duquesa del Sevillano y Condesa de la Vega del Pozo, entre otros muchos títulos. Era hija de Diego Desmassieres, conde de la Vega del Pozo y de Mª Nieves Sevillano y Sevillano, Duquesa del Sevillano, y sobrina de Santa María Micaela. Estaba considerada como como una de las familias nobles más importantes de España y comprendida dentro de ese selecto grupo de los denominados como Grandes de España.

De su actuación en la ciudad de Guadalajara es recordada, por una parte, por las grandes reformas llevadas a cabo tanto en su palacio y antigua ermita de San Sebastián, lo que hoy conocemos como colegio de los Hermanos Maristas, como el complejo educativo de las Adoratrices, donde se situó el panteón familiar, así como el complejo del poblado de Villaflores, hoy en día en peligro de derrumbe, si nadie pone solución inmediata; obras que han dejado su huella indeleble en nuestra ciudad y que se ejecutaron bajo la dirección de uno de los mejores arquitectos de la época, Ricardo Velázquez Bosco. Y, por otra, por las obras de beneficencia que llevó a cabo en Guadalajara, siendo una digna seguidora de su tía, Santa Micaela. Sus numerosas obras en favor de los más pobres, llevó al Ayuntamiento de la ciudad a declararla como Hija Adoptiva, en 1888.

La intención de doña María Diega al reformar su palacio no era otra que el de venirse a vivir a Guadalajara, como lo demuestra el hecho que mandase poner en su palacio los últimos y más novedosos inventos, como eran el montacargas y ascensores, el teléfono y la luz eléctrica, entre otros. Así también lo veían los vecinos de la ciudad que, siempre atentos con la condesa, ante la posibilidad de que viniese a vivir de forma definitiva a Guadalajara y a su palacio, decidieron nombrar una comisión con la intención de que se acercaran hasta Madrid, donde entonces vivía, para que le entregasen un álbum de fotos dedicado por toda la ciudad. Y se cuenta, como anécdota, que uno de los comisionados, le comentó a la condesa la satisfacción que todos tendrían si fijase su residencia en Guadalajara; a lo que respondió la condesa que no era nada fácil dado que su palacio estaba en obras. El comisionado le insistió, muy atento, que ella tendría cabida siempre en cualquiera de los corazones de los hijos de aquella ciudad; la condesa (de la que se cuenta que era muy gruesa) le respondió, no sin cierta sorna: “Un poquito estrecha me encontraría en tal alojamiento”.

Sin embargo, aquella posibilidad se truncó con su temprana muerte, tenía 63 años. El suceso tuvo lugar en Burdeos, el 9 de marzo de 1916, y fue muy llorada por toda la ciudad, que le tributó una sentida despedida, ya que era considerada por todos, como su bienhechora.

El funeral en su honor, fue todo un acontecimiento para la ciudad; el cadáver llegó por ferrocarril hasta la estación de Guadalajara el 17 de marzo de 1916 y desde allí fue conducido hasta su panteón familiar, donde reposaban los restos de sus antepasados. La comitiva fúnebre recordaba antiguos momentos vividos por la ciudad cuando moría un rey o un príncipe, tal era la categoría del cortejo, en el que participaron tanto autoridades nacionales, como Antonio Maura, como provinciales y locales, así como todo el vecindario, manifestando un gran respeto a lo largo de todo el recorrido.

Con la muerte de la condesa, soltera y sin descendientes directos, se produjo una dispersión patrimonial de sus bienes familiares, que pasaron a descendientes de tercera generación; así las propiedades de Guadalajara, en las que se incluía el palacio y el poblado de Villaflores y las tierras que le circundaban, pasaron a manos de los marqueses de Casa Valdés, primero a José Valdés y Mathieu quien, por sentencia dictada en Madrid, el 27 de febrero de 1920, fue declarado heredero de la octava parte del caudal hereditario; tras su muerte (1938), heredó sus bienes su hijo, en 1940, y titular de la casa, Félix Juan Valdés y Armada (1900-1982), III marqués de Casa Valdés.

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